El arrepentimiento — ¿qué es?

14 de junio de 2016 4:31 pm

La maravilla del Evangelio es que no nos mande a cambiar nuestras vidas. Sin embargo, para ser salvo nos manda a arrepentirnos. Cristo dijo: “Arrepentíos, y creed en el Evangelio” (Marcos 1.15). Pedro dijo: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3.19). Pablo testificaba solemnemente “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20.21).

Se oye comúnmente que el arrepentimiento significa cambiar el comportamiento, volverse a Dios, confesarle sus pecados, darle un giro a su vida, o darle la espalda al pecado, entre otras explicaciones. ¿Son expresiones correctas, o hacen que el inconverso se confunda aun más?

El énfasis en los resultados del arrepentimiento se debe muy probablemente a la frustración de personas “salvas” cuyas vidas dan poca evidencia de un verdadero arrepentimiento. Pensamos que si enfatizamos este lado del arrepentimiento, veremos más verdadero arrepentimiento. Pero, si una persona encamada por una enfermedad no puede caminar, decirle que se esfuerce a caminar no lo hará más posible. Primero necesita ser sanado.

Juan Bautista predicó: “Haced frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3.8). Si bien los frutos son evidencia del arrepentimiento, hay por lo menos cuatro diferencias entre el arrepentimiento y su fruto. El primero es invisible; el otro, visible. Uno tiene que ver con la actitud; el otro con las acciones. Uno se hace en un momento; el otro de por vida. Uno es la postura adoptada por el inconverso; el otro se realiza a partir de ser salvo por el poder del Espíritu Santo. Aun la palabra en griego traducida como “arrepentimiento” significa lo mismo: metanoia – pensamiento posterior, cambio de parecer (Diccionario Expositivo Vine).

Si se trata de cambiar el comportamiento para poder ser salvo entonces estamos diciendo que la salvación se condiciona por buenas obras. La Biblia dice  que la salvación no es por obras, “para que nadie se gloríe” (Efesios 2.8,9). No deberíamos poner condiciones si la Biblia no las pone. 

El arrepentimiento involucra la fe. Es creer lo que Dios está diciendo en contra de usted respecto a sus pecados y lo que ellos merecen. ¿Puede usted leer Romanos 3:9-19 y aceptar que cada una de estas acusaciones se aplica a usted? Esto es arrepentirse y darle razón a Dios. “Antes bien sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Romanos 3.4). Luego añade: “Para que seas (Dios) justificado en Tus palabras.” Justificar a Dios es darle a Él toda la razón.

El arrepentimiento no es confesarle a Dios los pecados. En este caso la salvación dependería de una buena memoria. ¿Acaso piensa usted que se pueda acordar de todos sus pecados? Basta reconocer que es un pecador digno de la ira eterna de Dios.

Tal vez esta noción de confesar los pecados se debe a malentender lo siguiente: “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1º Juan 1.9). ¿Estas son palabras para quiénes? “Nosotros” se refiere al apóstol Juan y a sus lectores, personas ya salvas. Se trata de la confesión de un hijo con su Padre Dios en la familia, no de un condenado ante Dios como Juez en la corte.

No intente cambiar su vida, estimado lector, sino reconozca su vergonzosa pecaminosidad y ya arrepentido, descanse en esta preciosa verdad: Cristo “llevó Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero” (1º Pedro 2.24). Después verá los gratos resultados del arrepentimiento en su vida.

Por Tomás Kember